| La educación debe concebirse como un proceso histórico condicionado socialmente. Esto se ve reflejado tanto en la organización del Sistema Educativo, como en las propias instituciones, y en última instancia, en el aula. Por lo tanto, resulta necesario entender a la práctica docente como práctica social, reconociendo los distintos niveles del fenómeno educativo: sociedad-institución-aula. Y la relación dialéctica en la que éstos se influyen. En una sociedad dinámica, la escuela constituye un factor de cambio social. |
La educación actual da más importancia a la acumulación de información que al fomento de las capacidades, sin reparar, que dada la evolución del conocimiento, resulta imposible abarcarlo entero. Se recompensa y estimula más el acopio de datos, que el cultivo de la creatividad. Se debe valorar más el saber hacer, que el simple retener. Poner más énfasis en ello producirá educandos perceptivos, críticos y creativos, en busca de un hombre consciente del manejo de su libertad, que desarrolle su capacidad de creación, de búsqueda, de independencia, de solidaridad y de justicia. Un hombre socialmente comprometido con su tiempo, pero que conozca y valorice su historia. Para lograrlo, será necesario una educación democrática, crítica, liberadora y transformadora.
La Educación Artística comprende la formación del hombre completo. A través del aprendizaje de los códigos y de la sintaxis propia de cada lenguaje artístico, se produce una trasformación interior y radical de su mundo oculto e íntimo, implicando un proceso de autorrelación y autoconocimiento no solo individual sino también social.
Esto les permite a los alumnos conocer diferentes modos de representar un mismo mensaje, de hacer pública una intención comunicativa, permitiendo a su vez una mayor comprensión de los contenidos expresados en los hechos artísticos. No se trata de formar artistas ni descubrir talentos; la expresión artística es una necesidad y el deber de la escuela es estimular y propiciar las potencialidades, que todos los alumnos poseen. La enseñanza de teatro en la escuela debe apuntar, fundamentalmente al crecimiento grupal, en el cual, sea posible orientar el potencial expresivo y las posibilidades creativas del hombre, integrando el proceso individual con la unidad grupal en una creciente interacción, respondiendo a las necesidades y expectativas individuales y grupales.
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