opinión

 
viernes 25 de septiembre de 2009

Opuestos que no se complementan

publicó: Pamela Noemí Gisler

La política no es sino un fiel reflejo de lo que sucede en nuestra sociedad: faltan ideas, fundamentos, pensamientos sólidos, creencias. Es tiempo de tomar conciencia de nuestro compromiso ciudadano y pensar que podemos cambiar el rumbo de nuestra Argentina si tomamos el mando.

Nuestro país está atravesando actualmente un difícil momento de crisis que abarca los aspectos económico, social, cultural y político. A causa de la masividad de los medios de comunicación y del manejo que las personas de mayor nivel económico pueden hacer, y de hecho hacen, de ellos, la crisis política actual se torna aún más patente.
La falta de compromiso, de ideas, de una política y una ideología firmes son características comunes que no competen sólo a nuestros jóvenes, como muchos pretenden hacer creer, sino más bien a nuestros “representantes” políticos. Personas que obtienen un lugar en la escena política por ser parte de un show televisivo, por volverse en contra de la fórmula que lo llevó al poder, por decir simplemente que lo que otros hacen o proponen está mal… Esa es la política que tenemos. Es triste que la sociedad argentina le de un lugar a este tipo de personajes para que critique o legitime ciertas cuestiones que nos constituyen como país. Nuestro gobierno fue elegido a través de una votación y todo lo que pueda pasar en él son dificultades que debemos analizar, criticar o contemplar los ciudadanos, sin caer en las redes de ciertos individuos que pretenden ganar un voto a través de una crítica sin argumentos sólidos.
La política no es sino un fiel reflejo de lo que sucede en nuestra sociedad: faltan ideas, fundamentos, pensamientos sólidos, creencias. Tenemos un gobierno que, bien o mal, fue elegido constitucionalmente, varios grupos económicos que pujan contra este gobierno en defensa de sus propios intereses y ciertos personajes que buscan un lugar en política ya sea para defender sus ideales, o bien su economía personal. Salvo escasas excepciones, no hay oposición al oficialismo, sino opuestos que dicen no a todo lo que se propone (léase ley de comunicación audiovisual, retenciones móviles), pero sin brindar propuestas alternativas. Hay opuestos que no se complementan.
Es tiempo de tomar conciencia de nuestro compromiso ciudadano y dejar de lado ese prejuicio que antes de cada votación nos hace pensar: “da igual a quien vote, si son todos lo mismo”. Pensemos que podemos cambiar el rumbo de nuestra Argentina si tomamos el mando y le damos lugar a aquellas voces que verdaderamente se proponen mejorar nuestro país.
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